Monday, October 23, 2017

El país de la miseria

Lunes 7:30 de la mañana, en plena Plaza La Candelaria. Todas las esquinas, todos los resquicios visuales inundados de una turba, no solo en número, sino en su aspecto físico y comportamiento.

Una verdadera jauría correteando de un lugar a otro, en inmensas colas (filas), entrando y saliendo de las panaderías y resto de locales comerciales. Mendigando unos, atracando otros. Voceando expresiones vulgares, elevando los decibeles por encima del ruido de los carros, emanado fetidez más allá del monóxido automotor. Provocando pánico hasta en los trabajadores y transeúntes habituales. Toda una fauna escapada de, no se sabe cual cloaca social, que produce a mis sentidos una imagen impresionista - pero de muy desagradable impresión - que me crea una urgente necesidad de escapar de todo aquello.

¿De dónde salieron?

¿Cuándo se formó ese lumpen desbordante de miseria e indecencia?

¿Por qué ese comportamiento de jauría que todo lo arrasa?

¿Será que lo perdimos todo?

¿Será que ya no queda nada recuperable?

¿Nos dejaremos imponer esa fórmula de cultura alejada de lo humano y cercana a los peores instintos animales?

Sinceramente creo que debemos tomar conciencia de esta pérdida progresiva de la civilidad que define al “nuevo hombre de la revolución del siglo XXI.” Se hace imprescindible enfrentar ese mal que nos socava las bases mínimas de la conformación de cualquier nación.

La Sociedad Civil en su conjunto, debe despertar de este letargo de depresión tendiente al conformismo y activarse más allá del sofá cibernético en que solemos mantenernos y crear organizaciones o integrarnos a las ya existentes, para detectar estos males y luchar por la recuperación de lo poco que nos queda. Empezar YA, a derribar esos muros de miseria mental que se está devorando todo, se hace impostergable. 


Oscar J. Pinto Arnó
23/10/2017