Estamos en los momentos más importantes y definitivos
del activismo ciudadano, en su responsabilidad por la recuperación de la
democracia en Venezuela.
Cuando más cuesta sacar fuerzas para mantener la
protesta viva, es cuando más se justifica. Con los ánimos aporreados por todo
estos años de calamidades, su repunte con la gravísima crisis eléctrica y su uso
agresor de la emocionalidad. Con el manejo eficaz de la desinformación y su narrativa
de laboratorio, así como el incremento en la represión como amenaza a la disidencia
por parte del régimen. Con la vocación inmediatista que genera expectativas peregrinas
y que corrompe el foco del objetivo en su línea de acción, por parte de algunos
opositores, causando desánimo y fisuras. Aún con todo ello a nuestras espaldas,
debemos mantener el músculo político de la protesta.
La protesta es el mejor instrumento de
legitimación en sistemas opresivos, y el más eficaz medio de presión interna y
externa. Perder la calle disminuye el costo político de la represión, que es la
única alternativa que le queda al régimen conjuntamente con la radicalización
de su política.
El Presidente Guaidó insiste en este punto porque el
apoyo popular ha sido, es y será fundamental para presionar la salida del régimen, e
inclusive para mantener la esperanza en una intervención de terceros en
aquellos que insisten en la vía fácil. Hemos logrado el mayor y mejor respaldo
internacional, se ha reactivado la esperanza en la población, y lograremos
presionar suficientemente el fin de la usurpación de este modelo político, de
manera pacífica y sin mayores costos, si mantenemos la calle viva y sumamos más
voluntades a esta épica.
Esta es la oportunidad más clara que hemos tenido
hasta ahora. Contamos con la figura de un líder que además de legítimo es responsable,
claro y respetuoso de la esperanza de sus seguidores. Es un momento donde la
posición de ilegitimidad e ilegalidad, así como las constantes y variadas
violaciones de DDHH por parte del régimen, están claras para la inmensa mayoría
de la población, y la comunidad internacional que representativamente apoya a
la Asamblea Nacional y a su Presidente.
El Presidente Guaidó y sus asesores, no pueden tener todas las respuestas y tampoco
las soluciones más inmediatas, pero se habrá perdido todo si le retiramos nuestro
apoyo. Su figura debería estar en el inconsciente venezolano como parte de cada
uno de nosotros, porque esa esperanza, lejos de fundamentarse en el mesianismo,
necesariamente deberá fundarse en la representatividad que cada uno de nosotros
le aporta a la lucha por la libertad de Venezuela.
Guaidó somos todos y cada uno de nosotros, y está
victoria depende de nuestra activación ciudadana. Juntos somos más.
Oscar J. Pinto Arnó
04/04/2019