Wednesday, January 31, 2018

Hambre en el Horizonte





Arrancamos este 2018 con la última fase de la muerte de una nación. No sé si será las más larga, pero si la más dolorosa, la que más decesos producirá por la precariedad de nuestro sistema de salud y por la catastrófica imposibilidad de alimentarse.

No conforme con la eliminación sistemática de la población a la que somete una cabalgante delincuencia impune, que han mantenido un importante repunte desde hace más de 10 años,


Represión desproporsionada

Delincuencia desatada














y a la eficiente represión contra la disidencia, que es el único progreso tecnológico que se ha manifestado en el país como respuesta a la protesta – otro mecanismo de eliminación sistemática de la población - están también el empeoramiento de la crisis de salud y la última pieza del ajedrez, El Hambre.

La crisis está sumando cada día más muertes al expediente criminal, ya son cientos de miles que están padeciendo las calamidades de un sistema de salud desintegrado, donde la falta de medicamentos de toda índole, la infraestructura sanitaria desmoronada y la fuga de personal calificado, hacen cada día más tormentosa la ya penosa existencia de enfermos terminales y crónicos; eso sin considerar la reaparición de epidemias ya superadas pero que no producen preocupación alguna para lo que, convencido estoy, ya resulta una franca política de exterminio.


Ahora hace su aparición en escena la peor de todas las calamidades, El Hambre. La desenfrenada carrera hacia su agudización comienza a generar, aparte de la ansiedad propia de aquél que no consigue satisfacerla, los preocupantes cuadros de estrés en una población que no sabe cómo llegar a fin de mes con un salario pulverizado.


Y es que no se escapa nadie. Las clases sociales que hasta ahora habían sorteado la escasez, procurándose el abastecimiento a través del perverso mercado negro de productos regulados, ya comienzan a contemplar la posibilidad de acceder a ellos a través de las interminables filas que caracterizan la distribución de productos básicos, lo que agudiza aún más la precaria distribución de alimentos e insumos.


De los sectores de menores ingresos, los más vulnerables hace tiempo que solo consiguen saciar el apetito en las pilas de desechos, el resto manifiestan su descontento públicamente en las filas esperanzados en el producto que normalmente no llega.


Los comerciantes, como en cualquier economía de guerra, ante la incapacidad de calcular lo que le va a costar reponer su inventario, ajustan sus precios en una incontenible carrera hacia la destrucción del presupuesto familiar, y algunos lo sobreestiman a la par del desenfrenado repunte del dólar e inclusive muy por encima, produciendo un panorama aterrador que no tiene final. La sensación del trabajador es que a pesar de los sucesivos incrementos salariales, pierde cada vez más su capacidad de pago.


Lo realmente dantesco es la línea de acción del instituto que debería velar por el bienestar del consumidor.

A estas alturas de crisis humanitaria – a la que se suma el hambre – están aplicando una medida de restricción a los comercios exigiéndole comprar solo a proveedores que vendan al precio fijado por el mismo SUNDDE, cosa que no está ocurriendo ni va a ocurrir porque nadie vende a perdida. Esto por supuesto acentúa aún mas el criminal desabastecimiento.


Pero no contento con ello les imponen sanciones a los productores del campo, prohibiéndoles tocar su producción e inclusive para provecho propio, obligándoles a entregarlo para completar las exiguas bolsas del nuevo nicho de corrupción de productos de la cesta básica de distribución popular (para compra de conciencia), o sea el propio guion de la Rusia comunista para el sometimiento a la población.

Todo ello conformando un crimen de lesa humanidad ante la mirada resignada de la sociedad venezolana. Vivimos permanentemente preocupados de buscar los bienes necesarios para mantener esta suerte de sobrevivencia que no nos permite identificar el problema de fondo.



Esto, al igual que mucho de nuestros padecimientos es política de estado. Forma parte del decálogo de guerra contra la población civil para mantenernos en un limbo de desesperanza, frustración y conformismo del que no acabamos de despertar o sacudirnos, para ir al meollo del problema.

Este ataque generalizado y sistemático contra la población civil del cual son totalmente conscientes, solo podrá cambiar el día que toda la ciudadanía despierte de su letargo y decida el ¿cómo? y ¿cuándo? efectuar ese cambio definitivo para la generación de un nuevo país.

De una Venezuela Libre, Próspera, y Pacífica; pero a partir de una Ciudadanía Consciente, Comprometida, y sobretodo Civilmente Educada.


Oscar J Pinto Arnó
31/01/2018

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